HISTORIA

La historia de la construcción de esta magnífica hacienda


Se remonta al año de 1529 cuando, por órdenes de Hernán Cortés, se empezó a edificar, utilizando la técnica española basada en bóvedas de medio cañón, muros semicirculares que nos transportan al siglo XVI.

En 1558 los misioneros franciscanos se vieron obligados por las circunstancias a abandonar el monasterio, fue entonces cuando San Gabriel se convirtió en una plantación azucarera, que luego sería el más grande e importante ingenio de México.

La Hacienda de San Gabriel está situada en el paso obligado de los viajeros que se dirigían o venían del sur, en el mismo antiguo camino por el que transitaban las preciosas mercaderías que llegaban de la nao de China. Razón por la cual este camino de la grandes recuas que se dirigían a la capital, desarrolló un importante comercio que llegó a transformarlo en un verdadero centro mercantil, cuyo radio de acción abarcaba desde Cuernavaca hasta la población de Iguala.

Años más tarde, en la Guerra de Independencia, fue escenario de importantes acontecimientos históricos, siendo también en tiempo de la Revolución Mexicana el cuartel general de Don Emiliano Zapata.

Cuentan los nativos del lugar que la hacienda fue ocupada por importantes héroes nacionales como Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, quienes planearon el complot para hacer presidente de la nación mexicana a este último. Porfirio Díaz, en otro pasaje de la historia, mandó ejecutar en los muros de la hacienda al General Molina.

El 5 de mayo de 1812 esta hacienda fue testigo de un episodio de nuestra historia, pues en esa fecha llegó a Ixtla, Don Leonardo Bravo, el padre de Don Nicolás Bravo, después de defender el convento de Santo Domingo en el sitio de Cuautla cuando se dirigían hacia el sur.

En ese entonces, la Hacienda pertenecía a Don Gabriel Yermo y era administrada por Don José Antonio de la Torre.

Según cuenta Manuel Mazari, acompañaban a Don Leonardo el Coronel Manuel Sosa y Mariano Piedra, este último compadre del generalísimo Morelos y algunos soldados más.

Aparentemente, todos fueron bien recibidos, se les invitó a cenar y a pasar ahí la noche.

Pero en realidad se trataba de un astuto y bien calculado ardid para aprehenderlos, pues al sentarse en la mesa cayó sobre ellos un grupo de peones encabezado por Domingo Pérez, alias "El Chino", un negro filipino de los que Yermo había traído para trabajar en la finca.

Una vez apresados, los prisioneros fueron entregados en calidad de rehenes al jefe realista Antonio Taboada, cerca de Tilzapotla, quien los condujo a Cuautla, para a su vez ponerlos a disposición del general Calleja.
Ya sabemos que don Leonardo y los otros patriotas fueron ajusticiados en Ciudad de México en la plaza El Ejido, en donde estaba El Caballito, y que, después, Morelos entregó a Nicolás Bravo trescientos prisioneros de guerra españoles para que, como represalia, los fusilara; sin embargo, don Nicolás les perdonó la vida en un acto que enaltece el carácter noble de los hombres íntegros y patriotas que luchaban por nuestra independencia.

Por su parte, don Cecilio Robelo nos relata también su paso por los terrenos del rancho de Pineda pertenecientes a la Hacienda de San Gabriel y por otros terrenos de la jurisdicción de la Hacienda de San José Vista Hermosa, así como la continuación de su camino por el margen de la laguna de Tequesquitengo.

También nos hace recordar un artículo escrito por don Eugenio de Jesús Cañas, que apareció en El Orden a principios de 1885. En éste se refiere que la laguna estaba constituida por una gran cuenca, o depresión del terreno, de aproximadamente dos millas de longitud y un poco menos de anchura, en la cual, ininterrumpidamente desde hace alrededor de cuarenta años, se han ido acumulando las aguas de irrigación de los campos de la hacienda, esto es, de los achololes.

Dicha laguna, debido a su configuración como cuenca, no cuenta con desagüe natural alguno y, para esa función sólo actúan la evaporación y las filtraciones del terreno que disminuyen la cantidad de agua. Debido a que es mayor la cantidad de agua que entra a la que logra salir, el resultado es la inundación del terreno hasta el límite de dejar completamente cubierto un humilde pueblo del que ahora sólo se divisa la cruz del campanario de su templo. En el centro de la laguna, la profundidad ya alcanza los 70 metros.

En años posteriores, cuando el buceo autónomo subacuático llegó a ser un deporte común y fácil de practicar se pudo comprobar este relato, pues los buceadores lograron entrar tanto al campanario como al interior de la bóveda de la iglesia.

Pasamos las hojas de tanta historia y hoy, en pleno siglo XXI, San Gabriel es, además, un piloto de turismo de alto nivel en el que, como en los grandes castillos de Europa, el trato personal, el calor humano de quienes están al frente de la Hacienda, y una pequeña pero eficiente organización hotelera nos permite gozar al máximo del lugar.

Por su parte, don Cecilio Robelo nos relata también su paso por los terrenos del rancho de Pineda pertenecientes a la Hacienda de San Gabriel y por otros terrenos de la jurisdicción de la Hacienda de San José Vista Hermosa, así como la continuación de su camino por el margen de la laguna de Tequesquitengo.

También nos hace recordar un artículo escrito por don Eugenio de Jesús Cañas, que apareció en El Orden a principios de 1885. En éste se refiere que la laguna estaba constituida por una gran cuenca, o depresión del terreno, de aproximadamente dos millas de longitud y un poco menos de anchura, en la cual, ininterrumpidamente desde hace alrededor de cuarenta años, se han ido acumulando las aguas de irrigación de los campos de la hacienda, esto es, de los achololes.

Dicha laguna, debido a su configuración como cuenca, no cuenta con desagüe natural alguno y, para esa función sólo actúan la evaporación y las filtraciones del terreno que disminuyen la cantidad de agua. Debido a que es mayor la cantidad de agua que entra a la que logra salir, el resultado es la inundación del terreno hasta el límite de dejar completamente cubierto un humilde pueblo del que ahora sólo se divisa la cruz del campanario de su templo. En el centro de la laguna, la profundidad ya alcanza los 70 metros.

En años posteriores, cuando el buceo autónomo subacuático llegó a ser un deporte común y fácil de practicar se pudo comprobar este relato, pues los buceadores lograron entrar tanto al campanario como al interior de la bóveda de la iglesia.

Pasamos las hojas de tanta historia y hoy, en pleno siglo XXI, San Gabriel es, además, un piloto de turismo de alto nivel en el que, como en los grandes castillos de Europa, el trato personal, el calor humano de quienes están al frente de la Hacienda, y una pequeña pero eficiente organización hotelera nos permite gozar al máximo del lugar.

El fundador

Don Gabriel Joaquín de Yermo nació en Sodupe, lugar de Bilbao, el 10 de septiembre de 1757.
Se casó en México con su prima hermana doña María Josefa quien había heredado de su padre D. Juan Antonio de Yermo las haciendas cañeras de Temixco y San Gabriel, censuatarias del marquesado del Valle de Oaxaca. Cuando nació su hijo mayor, D. José María en 1790, puso en libertad a más de 400 esclavos negros y mulatos de estas haciendas. Cuando en 1797 compró la de Jalmolonga, que era de las temporalidades de los jesuitas, hizo lo mismo con más de 200 esclavos que allí había.

El 15 de septiembre de 1808, a las 12 de la noche, asaltó la casa del Virrey Iturrigaray y lo hizo preso por sospechoso de traidor a España. Con sus dependientes y antiguos esclavos formó batallones realistas llamados "Llanistas de S. Gabriel".

Murió de pulmonía en México el 7 de septiembre de 1813, en su casa, esquina S. E. de las calles de Cordobanes y Santo Domingo (hoy Donceles y Brasil).